martes, 8 de noviembre de 2016

Aprende a obsequiar tu silencio a quien no ha pedido tu palabra


La mayoría de las personas padecemos de la necesidad imperiosa de manifestar verbalmente aquello que sentimos, de comunicar nuestra opinión, de aconsejar, de advertir, de consolar y muchísimas veces nuestras palabras serán bien recibidas.

Sin embargo, en muchas ocasiones debemos sencillamente guardar silencio, reservarnos nuestra opinión, evidentemente excluyendo los casos en los cuales nuestra palabra sea determinante para preservar la integridad de alguien o situaciones extremas en las que una injusticia es manifiesta, podamos evitar un mal o cualquier caso que requiera nuestra oportuna participación.

Afortunadamente en la mayoría de los casos en los cuales tenemos la posibilidad de manifestarnos, no llevan consigo altos riesgos y podemos prudentemente limitarnos a no decir nada al respecto.
Hay quienes solo buscan ser escuchados, que no quieren una opinión, consejo, juicio, solamente nos utilizan para desahogarse en un momento determinado y no quieren, más que requerir, escuchar nada al respecto, y esto debemos respetarlo.

Otro grupo de personas no actúa queriendo recibir feedback alguno, quieren llevar su proceso de crecimiento sin intervención de terceras personas, sin escuchar otros puntos de vista.
Definitivamente algunas veces resulta enriquecedor poder escuchar otras opiniones diferentes a la nuestra en relación a un tema o situación particular, pero lo cierto es que nadie puede forzar a otro a que lo escuche, nadie debe someter a otro a algo que no se quiere recibir, aun cuando esto sea palabras cargadas con la mejor intención.

Cada uno tiene su verdad, su consciencia, su experiencia y debemos respetar cuando a cada quien le basta con su visión, o prefiere otras visiones diferentes a la nuestra, sin que esto represente para nosotros un problema o nos genere incomodidad.

En el caso de los sentimientos y su expresión, aunque resulte sano aflorarlos, manifestarlos, debemos entender que no siempre serán bien recibidos. Lamentablemente solo lo sabremos cuando los manifestemos, aunque siempre habrán señales que nos ayuden a preservar nuestra integridad y nos evite exponernos a incómodas situaciones.

Evidentemente no podemos tomar esta visión como la bandera para actuar de ahora en adelante, guardando silencio, reservándonos nuestra opinión, ocultando sentimientos.


No, solo se debe tener en cuenta que no siempre las palabras son bien recibidas, que a veces es preferible otorgar un silencio oportuno a decir cosas que no quieren ser escuchadas.

Estemos atentos para identificar cuándo nuestras palabras desencajan, cuándo el silencio es el mejor recurso y cuándo podemos libremente abrir nuestras opiniones ante quien nos escucha. Tus palabras pueden ser muy valiosas, pero son como los sentimientos, no todos lo merecen o no todos quieren recibirlos, aprender a callar es de sabios.


(Fuente: El rincón del Tibet)

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