viernes, 27 de enero de 2017

TU YO SAGRADO capitulo 5


Cultivar la condición de espectador
En verdad, es la vida la que da vida... Mientras que tú, que te consideras un
donador, no eres más que un testigo.
Kahlil GIBRAN

Me doy cuenta de que siempre estoy en libertad para dejarme ir y observarme
Cultivar la condición de espectador es la segunda de las cuatro claves para
acceder a la conciencia superior que le conducirá por el camino de la búsqueda
espiritual. Hay muchos beneficios al asumir esta postura.

En el presente capítulo le pido que cambie la percepción de sí mismo y cultive
un aspecto superior de usted: el de espectador comprensivo. En lugar de
pensar en sí mismo como un ser humano que tiene pensamientos,
sentimientos y hábitos, comience a salir de usted mismo. Estoy señalándole el
camino hacia un nuevo tipo de libertad en la que usted será espectador de su
vida y ya nunca volverá danzar al ritmo que le marquen otros.



¿QUÉ SIGNIFICA SER EL ESPECTADOR? 

Tómese un momento para reflexionar sobre cómo se ve a sí mismo. Mientras
lo hace, piense en lo que significa decir: “Estaba diciéndome a mí mismo
que...” Descubrirá que la frase da a entender que usted es dos personas.
Una persona es el “yo” que estaba diciendo. La otra es el que recibía las
palabras del que hablaba. El yo le hablaba al mí mismo cosa que, cuando uno
examina sus diálogos internos, se hace centenares de veces al día. Cuando se
cultiva la condición de espectador uno se aparta tanto de la posición del yo
como de la del mí mismo.

Aquí desde un espacio invisible, ajeno a su cuerpo físico, el espectador se
desprende de todas las emociones, sentimientos y comportamientos. Desde
ahí, el espectador observa amorosamente el acontecer de toda su vida.
Hace varios años traté un caso en el que la paciente sufría lo que ella llamaba
tristeza terminal. Estaba siempre deprimida. Describía sus sentimientos con
frases como: “Todas las partes de mi ser están deprimidas. Estoy deprimida
cada día, en todo momento. Me despierto deprimida y me voy a dormir
deprimida. Al parecer no puedo librarme de esta terrible sensación de
depresión”.

Un día le formulé una pregunta que se convirtió en el punto de inflexión de su
tristeza.
Dígame –le pedí-. ¿hay estado advirtiendo esta depresión con mayor frecuencia
en las últimas semanas?

Ella respondió:
Sí, he advertido que cada vez se expande más.
Ahora piense con cuidado antes de responder –proseguí yo- ¿La persona que
advierte eso está deprimida? –Ella me pidió que repitiera la pregunta-. ¿La
persona que advierte eso está deprimida? –repetí.
Quedó demasiado desconcertada como para responder. Pero por primera vez
fue capaz de contemplar que existía otro aspecto de ella misma aparte de la
depresión.

Ese aspecto era la parte de ella misma que advertía la depresión. Esta que la
advertía era la testigo, la observadora, que no había sido atrapada por la
depresión. Esa entidad invisible, sin fronteras, era su yo espiritual. Antes de
aquella sesión, la mujer nunca había conocido esa parte de sí misma.
Pasé meses enseñándole a dejar de identificarse con los pensamientos y
sentimientos deprimentes. Aprendió a desprenderse de ellos y observarlos
desde la posición del espectador comprensivo, con independencia de sus
pensamientos y de su cuerpo físico.

Convertirse en espectador supone un acto de amor. Nos saca del mundo de
fronteras y formas y nos permite entrar en un espacio de amor puro.
Así pues, comience ahora a advertir realidades de su vida. Advierta lo plácido
que se siente, o cuánta ansiedad tiene. Advierta su apariencia física. Cuánto
pesa, lo en forma que se siente y el grado de fatiga. Advierta cuánto tiempo
quiere pasar con su familia, en su trabajo, viajando, jugando y rezando. Déjese
penetrar por todo lo suyo. ¡Sus uñas, sus hábitos de conducción, su jardín!
Ahora examine el número de veces que he usado la palabra “advierte”.
Recuerde que existe una actividad llamada advertir, y que incluye al que
advierte y al que es advertido. Entonces, concéntrese en ser el que advierte y
acostúmbrese a acudir a ese lugar de su conciencia durante su vida cotidiana.


¿POR QUÉ DARLE LA BIENVENIDA A LA CONDICIÓN DE ESPECTADOR?

“En mi mundo, nunca nada va mal”. Estas palabras fueron pronunciadas por
Nisargadatta Maharaj en respuesta a una entrevistadora que, exasperada, le
pidió a Maharaj que hablara de los problemas de su vida. Para mí, es la
afirmación de mayor fuerza que haya oído jamás. La tengo presente cada día
de mi vida y he hecho colgar una reproducción de la misma en un lugar
estratégico de mi despacho como recordatorio de su supremo valor.
La entrevistadora insistió en que Nisargadatta tenía que tener problemas como
todos los otros seres humanos. Nisargadatta le dijo:


Usted no tienen ningún problema, sólo su cuerpo tiene problemas... en su
mundo, nada perdura; en el mío, nada cambia.
¿Por qué diría este iluminado maestro que en su mundo nada iba nunca mal?
Yo creo que se debía a que estaba hablando desde la posición del espectador
comprensivo.

Dentro de todos nosotros existe la dimensión eterna e inmutable de nuestro yo
espiritual. Éste es el yo invisible que le habla al yo físico. Es el pensador de
los pensamientos. Este observador comprensivo no se revela con
instrumentos científicos y no aparece en las autopsias.

Cuando uno es realmente capaz de creer en el dominio espiritual del
espectador, entonces nada va mal porque el mal no carece de sentido para el
observador. Todo tiene su orden. Nada se cuestiona desde esa perspectiva.
Es como vivir en el paraíso, donde están a eternidad y el alma, al tiempo que
uno se encuentra en el cuerpo físico. Pero en este espacio, el cuerpo no es el
centro de la existencia.

No estoy sugiriéndole que se retire y se deshaga de todas sus posesiones
materiales con el fin de hallar esa clave para la conciencia superior, aunque,
desde luego, es una posibilidad. En cambio, quiero que considere cómo estas
palabras de “nunca nada va mal”, de “no tener problemas” y de “vivir en el
mundo de lo inmutable2 pueden aplicarse a su despertar espiritual.
Hay muchísimo que aprender de estas ideas. Cultivar la condición de
espectador le pondrá en el sendero donde su yo superior comienza a influir
sobre su ego físico en lugar de que suceda lo contrario.

Como dice Maharaj: “Dedícale toda tu atención, examínalo con amoroso
cuidado, y descubrirás alturas y profundidades del ser con las que no has
soñado, absorto como estás en la insignificante imagen de ti mismo”.
Estas palabras describen el poder y el valor de cultivar la condición de
observador.

La manera de sentir y vivir nuestros apegos y sufrimientos puede cambiarse
cuando se aprende a acceder a la actitud del espectador. He aquí las
principales ventajas cuando uno traba conocimiento con su observador
comprensivo:

1.- cuando usted cultiva la condición de testigo comprensivo, adquiere
conciencia de que es algo más que sus pensamientos, sentimientos y
sensaciones. Usted aprende que es mucho más que un cautivo del conjunto de
creencias y comportamientos adquiridos que ha practicado a lo largo de su
vida. Adquirirá una visión más amplia de quién es, y esta nueva percepción le
conducirá a niveles de vida más elevados.

Le pondrá en contacto con su alma eterna. Al conocer ese yo espiritual, usted
será capaz de elevarse a alturas que sus creencias anteriores le impedían ver.
En las relaciones, comenzará a trascender su ego y abandonará la necesidad
de tener razón. La simple observación de sí mismo le revelará hasta qué punto
son limitadoras las antiguas formas de ser. El espectador comprensivo abrirá
la puerta a la comunión espiritual con los seres queridos.

El aprendizaje de cultivar la condición de espectador añadirá nuevas
dimensiones a su vida, y le conducirá a una existencia más espiritual y
jubilosa.

2.- Cuando usted cultiva su condición de espectador comprensivo, adquiere
conciencia de que usted es algo más que aquello que le molesta. Al cultivar la
condición de observador, la verdad de “en mi mundo nunca nada va mal” se
hace evidente.

Uno desarrolla un saber que trasciende lo que llamamos nuestros problemas.
El espectador no se identifica con ellos. Los ve como concernientes al cuerpo,
y pueden ser resueltos sin desesperación. Distanciándose de ese modo, los
problemas no pueden fijarse en su mundo interior.

Usted se volverá casi indiferente porque poseerá el conocimiento de que en
ese mundo del cuerpo todo cambia, nada permanece igual. Los problemas
también cambiarán. Llegarán y se marcharán. La frase “también esto pasará”
adquiere un significado más personal y relevante.

Si aprende a ver las dificultades no como algo que se inscribe en su yo interno
sino como manifestaciones pasajeras del mundo de lo físico, cultivará la
condición de espectador en el sendero de su búsqueda espiritual.

3.- Cuando usted cultiva su condición de espectador comprensivo, emprende
una acción que puede disipar los problemas. En un punto anterior de este libro
escribí brevemente acerca de la mecánica de la creación. La misma
explicación es aplicable al cultivo de la condición de espectador.

Como breve recapitulación, he aquí dos frases que resumen el libro de Nick
Herbert, Quantum Reality (Realidad cuántica): “No existe realidad en ausencia
de observación. La observación crea la realidad”. Por lo tanto, el acto de ser
espectador –por sí solo, sin ninguna otra actividad que interfiera- creará su
realidad.

Cuando usted presencia con actitud comprensiva, benevolente, los hechos
problemáticos de su vida, manteniendo su atención en ello de una forma que
ayuda a adoptar resoluciones, eso es lo que ocurre. El plantearse un problema
a la manera del testigo crea la energía necesaria para avanzar. A mí me resulta
muy satisfactorio hacer que los problemas se desvanezcan de mi vida
mediante este proceso de observación.

Por ejemplo, en el pasado me ponía muy ansioso ante la presión de una fecha
límite de entrega para acabar un escrito. La ansiedad se manifestaba en forma
de malestar estomacal, fatiga, sensaciones de inquietud y malestar físico
general.

Cuando aprendí a ser espectador descubrí que podía cerrar los ojos y negarme
a identificarme con “el problema”. Continuaba formando parte de mi cuerpo,
pero estaba separado de mí. Al observarme a mí mismo en ese estado,
comprensivamente despegado de mi cuerpo, pude notar que los síntomas de la
ansiedad se disipaban. Me encontré con que me sentía calmo y confiado.
Cuando la urgencia de fecha límite volvía a entrar en mi mente, el malestar
regresaba, pero era diferente. Ahora yo no era el pensamiento sino el
observador del pensamiento. De modo gradual, el pensamiento desaparecía y
era reemplazado por una sensación de calma.

Tras treinta minutos de ser espectador observando cómo los pensamientos
llegaban y se marchaban, y vuelta a empezar, toda la escena se disolvió.
Abandoné literalmente mi ser. Entonces descubrí que era capaz de sentirme y
escribir en lugar de estar apresado por las ideas derivadas de la fecha límite
que imponían mi cuerpo y mi mente.

El acto de observar como testigo desde una perspectiva objetiva creó una
nueva energía dentro de mí. La energía disolvió el problema y me permitió
funcionar a un nivel más saludable y productivo.
4.- Cuando usted cultiva su condición de espectador comprensivo, lleva paz a
su vida. No sólo se pone en contacto con la parte espiritual de su ser, sino que
también permite que la paz y armonía de esa presencia gloriosa sea una
experiencia básica en su vida cotidiana.

Stephen Wolinsky lo describe de la siguiente forma en su libro Quantum
Consciousness (Conciencia cuántica): “Si puedo comenzar a observar, a ser
testigo de mis reacciones, me sentiré más libre y en paz. Mediante la
identificación y fusión con un pensamiento o sentimiento me impido a mí
mismo ser el observador y me convierto en la experiencia misma”.
La capacidad para adoptar el punto de vista del espectador significa permitirle
a nuestro yo superior observar de una forma que no comporte la formulación
de juicios. Cuando puede observar su ego, usted ya no es su ego.
Su ego retrocede cuando su yo espiritual está más íntimamente integrado a su
ser. Descubrirá que esta nueva paz le llevará por las tareas de su mundo
material con una mayor eficacia y productividad.

5.- Cuando usted cultiva su condición de espectador comprensivo, da el primer
paso hacia la liberación. Cuando comienza a alejarse y observar, ya no está
controlado por los hechos físicos de su vida.

Por ejemplo, cuando experimente enojo, dé un paso atrás y obsérvelo durante
unos instantes. Advertirá que queda casi de inmediato liberado del dolor
asociado al enojo. Los acontecimientos continuarán sucediendo, pero usted
ya no será el que se identifique con esos hechos.

Ser capaz de observar los acontecimientos, incluido los de su propio cuerpo, le
libera de tener que experimentar el dolor que en otra época creyó que era la
única opción. Mi esposa y yo hemos criado ocho hijos; si no hubiéramos
mantenido la actitud del espectador, muchas veces podríamos habernos
sentido muy turbados y desdichados.

Con una actitud de observador, podemos dar un paso atrás y contemplar
nuestros pensamiento sy sentimientos, así como los que tienen nuestros hijos.
Sabemos que nos liberaremos si podemos desprendernos de vez en cuando
del caótico mundo físico de nuestra numerosa familia.

Desde el espacio del espectador comprensivo que no se identifica con el
problema, el problema desaparece.

La solución proviene de nuestra habilidad y voluntad de confiar en que
podemos ofrecer consejo y guía, sin identificarnos como padres fracasados o
como padres perfectos.

El acto de observar nos libera. Y también le liberará a usted cuando cultive su
condición de espectador.

6.- Cuando usted cultiva su condición de espectador comprensivo, entra en
contacto con Dios. Gracias al acto de cultivar la condición de espectador he
llegado a conocer a Dios con más claridad. El acto de observación es lo
máximo que he sido capaz de hacer para acerarme a la verdadera
experimentación de otra dimensión, dimensión no estorbada por las
limitaciones del mundo material.

Es una experiencia extracorpórea, en la que se ve el cuerpo y los pensamientos
sin identificarse con ellos. Una práctica regular de la observación hará que
pueda apreciar el comentario de Carl Sandburg: “Algo me originó y no tenía
origen; algo me pondrá fin y no tiene fin”.
Desde la posición de espectador, usted sabe que no es sólo eso que ver. Hay
una realidad espiritual disponible cuando se separa de su yo material. La
conexión con el plano superior de sí mismo la establece sólo desde esa
posición.

La energía divina que tiene en su interior le envuelve en amor y paz mientras
observa los pensamientos, sentimientos y sensaciones de su cuerpo. Este
proceso de cultivar la condición de espectador es el proceso de conocer la
vedad que anunció San Mateo: “...para Dios, todo es posible” (San Mateo,
19:26). Ahora, dígame si se puede decir algo más.
Usted sabe que todo no es posible en el reino de lo físico; por lo tanto, Dios
viene a ser esa parte de usted que está más allá de lo material. Mediante la
condición de espectador puede conseguir que esto sea su realidad.
Así pues, he aquí los seis beneficios que obtendrá al alcanzar la condición de
espectador. Paulatinamente, usted emergerá como un ser que sabe que existe
fuera de sus pensamientos, emociones y sensaciones físicas, y por lo tanto
éstos no desempeñarán el importante papel que han estado representando.



CUATRO CATEGORÍAS DE OBSERVACIÓN

Con el fin de cultivar su condición de espectador, usted necesita desarrollar
sus poderes de observación respecto de sí mismo y del mundo. Necesita
aprender a observar sus reacciones, para superarlas. Es ese “ir más allá” lo
que constituye la parte esencial de la búsqueda espiritual. He dividido los
diferentes tipos de observación en cuatro categorías.

Observación de su cuerpo

Este tipo de observación lo hemos practicado la mayoría de nosotros de una u
otra forma. En general, permitimos a nuestro cuerpo que funcione sin
interferencias. Somos conscientes de que existe el cuerpo y de que existe un
“espíritu” que hace que funcione la máquina.

Desde la primera vez que se miró en un espejo y vio que su rostro le devolvía la
mirada, ha estado observando su cuerpo. El propietario u ocupante de su
cuerpo es un ente misterioso.

Sin embargo, incluso como ocupante, a menudo se ha identificado con su
cuerpo. A veces lo olvida y da por supuesto que usted es ese cuerpo. Pero
esencialmente, ha observado su cuerpo cuando realiza movimientos, y siendo
consciente de que un yo invisible está en alguna parte del interior, observando.
A lo largo de su vida, ha visto su cuerpo pasar por muchos cambios. No
obstante, dentro de usted siempre ha habido un yo inmutable. Todavía hay un
niño pequeño, que se ve a sí mismo en unos términos que desafían el tiempo y
los límites. Él sabe que no es ese cuerpo, al mismo tiempo le preocupa que su
innegable conexión con él causará su muerte cuando el cuerpo muera.

Cuando se mira al espejo y ve una nueva arruga, la parte incorpórea de usted
que ve la arruga no ha cambiado, a pesar de que la piel se pliegue. ¡Me veo
pelos que me crecen en las orejas y en la nariz, y me pregunto por qué están
ahí ahora y dónde han ido a parar los que solían crecerme en la cabeza! Pero
por dentro soy el mismo. Cuando usted ve canas donde solía ver cabello
moreno, sabe que el yo real no es canoso, y si piensa en el asunto, sabe que el
yo real tampoco era moreno. Se ve manchas en la piel y sabe que alguna parte
de usted mismo es inmaculada.

Desde que tiene memoria, ha estado observando esos fenómenos de su
cuerpo.

También es cierto que sabe que la entidad que realiza la observación está
desligada por completo de lo que está observando.
Mientras lee esta frase, está permitiéndole a su cuerpo que actúe sin
intromisión por su parte. No está ocupado en hacer latir su corazón, ni en
llenarse los pulmones, ni en oxigenar su flujo sanguíneo, ni en hacer circular
sus fluidos vitales. Deja que su cuerpo funcione por su cuenta y le permite a
otra parte de usted conocer cómo ser un observador espiritual. Esta forma de
hacer las cosas le reporta un magnífico servicio.

Al observar su cuerpo y no participar mentalmente de su funcionamiento, éste
trabaja con la perfección para la que fue destinado. Si estuviera
constantemente comprobando e intentando controlar las funciones de su
cuerpo, estaría en exceso ligado a él, e inhibiría sus funciones naturales. Las
veces que durante su vida se ha preocupado por las funciones de su cuerpo o
ha interferido en ellas, son aquellas en las que su salud se ha quebrantado.
Cuando no se deja llevar por los instintos de su cuerpo, se encuentra con que
éste se desequilibra y quebranta de una u otra forma. Al adoptar el papel de
intruso, usted crea disfunciones que en última instancia quebrarán los
cimientos del edificio divino que alberga su alma.

Alimenta su cuerpo con los alimentos incorrectos y éste responderá con
letargia y enfermedades. Deje de ejercitarlo y se volverá pesado y torpe. Haga
caso omiso de sus necesidades de aire fresco y entornos saludables y se
desmoronará. Dele sustancias narcóticas y reaccionará negativamente.
Cuando su cuerpo se encuentra en mal estado, lo cual va desde la obesidad a
los dolores de espalda, el nerviosismo, la gripe, el cáncer o cualquier otra
anomalía respecto del curso natural del cuerpo, entonces es imperativo que
asuma la posición de espectador benevolente.

La verdadera conciencia es un estado de pura observación, sin ningún intento
de reparar o cambiar lo que se está contemplando. Se trata de una especie de
amor curativo que no establece juicios. Aun a pesar de que lo que esté
observando sea “enfermedad”, el espectador comprensivo advierte los puntos
en conflicto y los observa con amor incondicional. La ausencia de
enjuiciamiento del acto de observación contribuye con la apropiada energía de
amor que la situación necesita.

Cuanto más pueda practicar la condición de espectador, más se encontrará
con que el mero acto de observar hará que su vida continúe avanzando por el
camino de la búsqueda espiritual.

La mecánica de la creación es tal, que el lugar en que pone su atención y la
mantiene es el lugar en que se origina el cambio de la nada al aquí y ahora.

Observación de su mente

Puede que se haya acostumbrado a observar su cuerpo. No parece difícil
porque imagina que la observación del cuerpo la hace con la mente. Así pues,
¿qué utiliza para observar su mente? Aquí es donde abandonará sus viejas
creencias y entrará en un nuevo mundo de la observación.
Trate de ver sus pensamientos como un componente de su cuerpo/mente.
Piense que los pensamientos son cosas. Cosas que le permiten salir fuera de
ellas y observarlas.

Su mente genera cada día millares de pensamientos. Llegan y se marchan
como trenes de una estación: uno entra, otro ocupa su lugar, uno sale y llega
otro. Esto continúa durante todo el día.

Le han hecho creer que estos pensamientos no siempre están bajo su control.
Usted suele creer que el proceso del pensamiento continúa y continúa incluso
cuando le gustaría que se detuviera. No estoy pidiéndole que detenga sus
pensamientos (el tema del capítulo sexto), sino sólo que sepa que tiene la
capacidad para ser observador de sus pensamientos. El mero observar el flujo
de pensamientos refrenará su mente hasta el punto de detención en el que
podrá experimentar a Dios.

Primero necesita observar sus pensamientos. Luego necesita observarse a sí
mismo observando sus pensamientos. Aquí está la puerta al espacio interior
donde, libre de todo pensamiento, experimentará el júbilo y la libertad que le
transportará hasta su yo espiritual.

El sencillo ejercicio de observar su mente conformando sus pensamientos
llegará a hacer que los pensamientos no deseados, innecesarios, erróneos, se
disuelvan. Al desarrollar la condición de espectador, aprenderá a acallar la
mente, hacer inventario, y descartar o redirigir los pensamientos que generan
reacciones derrotistas o egocéntricas. En este simple proceso, también llegará
a conocer su yo espiritual.

Ha ce algún tiempo, el Congreso de Estados Unidos debatía las disposiciones
para una reducción del déficit. Una de las propuestas clave era una
disposición de aumento de los impuestos para las personas que se
encontraban dentro de mi escala de ingresos.

Al tiempo que estaba estudiando el libro I Am that (yo soy eso) y aprendiendo a
introducir esta técnica de observación en mi vida, estaba siguiendo con gran
interés cómo avanzaban los trámites de esa ley.

Si era aprobada, mis impuestos aumentarían de modo considerable.
Las enseñanzas de Nisargadatta Maharaj me alentaban a aprender a observar
mis pensamientos desde una perspectiva distanciada, si no
incondicionalmente amorosa, y no daba a establecer perjuicios. Así que me
senté y observé mis pensamientos a propósito del probable incremento de los
impuestos. Lo que vi fue el más desnudo egocentrismo terrenal.
Los pensamientos generados por el ego desempeñan un enorme papel en la
creación del mundo que el ego desea crear. Cada uno de mis pensamientos
parecía exigir que lo considerara el más importante. A medida que aprendí a
observar mis pensamientos, advertí que uno en particular reaparecía con
frecuencia.

 Era el siguiente: “¿Cómo se atreven a decir que no pago lo que me
corresponde? ¿No se dan cuenta de que sólo tengo un voto y que sin embargo
le envío más dinero a la burocracia gubernamental que el 99 por ciento de la
gente? ¿Cómo se atreven a acusarme de no ser un buen ciudadano?”.
Luego, al cabo de unos momentos, otro pensamiento que lo rebatía hacía su
aparición: “Hay un gran déficit, y yo he sido bendecido con unos ingresos
abundantes. Mucha gente se beneficiará de que yo pague más, y puedo
permitírmelo. Así que, ¿por qué tanto problema?”

A este pensamiento le seguía: “Espera un momento, ellos no tienen ningún
derecho a hacerme pagar un porcentaje mayor de mis ingresos. No me importa
entregarles más dinero, pero ¿por qué tienen que exigir a un ciudadano un
porcentaje mayor de sus ingresos y castigarlo por tener éxito? Más dinero, sí
¡Un porcentaje más alto, no!”. MI observador fue comprensivo y neutral.
De aquí para allá volaban estos pensamientos por mi mente mientras yo los
observaba en lugar de poseerlos. A medida que practicaba la condición de
espectador, advertí un fenómeno interesante. La ansiedad por el problema
comenzó a disiparse. Ya no me importaba ni una osa ni la otra, y me di cuenta
de que ya no participaba de ese drama. Los hechos sucederían con
independencia de mis pensamientos sobre ellos, y cuanto más me limitaba a
observar los pensamientos, más tendían a evaporarse.

Entonces comprendí lo que Nisargadatta quiso decir cuando escribió que “el
conocimiento de uno mismo es desapego... cuando sabes que o careces de
nada, que todo lo que existe eres tú y es tuyo, cesa el deseo... no perturbes tu
mente con búsquedas... la mente está interesada en lo que pasa, mientras que
la conciencia se interesa en la mente misma”.

Una vez que fui espectador de mis pensamientos, ya no estuve unido a ellos ni
a su resultado. Quedé en libertad.

Esta posición de ser espectador de sus pensamientos no tiene relación con la
cifra de sus ingresos. Sus pensamientos no influirán en el Congreso de modo
alguno. Así que conviértase en observador y aprenda cómo evitar que sus
pensamientos gobiernen su vida.

En verdad no tenía importancia si aprobaban o no aquel redactado de la ley,
puesto que en mi mente tenía argumentos muy convincentes para defender una
postura y la contraria. Lo que me quedó fue la libertad de escoger cómo
deseaba sentirme respecto del asunto y/o dejarlo en las manos de Dios. En
aquel momento aprendí que no pueden gravarme con impuestos a mí, sólo a mi
cuerpo.

La capacidad para colocarse imaginariamente a sus espaldas y observar sus
pensamientos ilustra muy bien la capacidad para mirar su interior y participar
del acto divino de creación de su vida espiritual.

Los problemas empiezan con un pensamiento que uno pone dentro de su
mente y al que se le permite enconarse hasta el punto de la ansiedad. La
ansiedad comienza a manifestarse en su vida como síntomas físicos, a los que
llamamos artritis, presión sanguínea alta y taquicardia.
La benevolente energía que recibimos del observador, del espectador,
permitirá que esos pensamientos entren y salgan con toda naturalidad.
Pensamientos que entran y pensamientos que salen. Aprenderá a ser
espectador de sus pensamientos del mismo modo que observa la realidad
exterior.

Ser testigo de sus pensamientos requerirá algo de práctica. Con el
perfeccionamiento llega el milagro y el deleite. Los traumas se disuelven en la
etapa del pensamiento y se les impide manifestarse en el mundo cotidiano.
Proporciono varias sugerencias para ejercitarse en esta práctica en el apartado
final del presente capítulo.


Observación de su energía vital.

Todo en la vida es energía. Comprender el principio de la energía es de una
importancia vital para aprender a cultivar la condición de espectador. Sus
emociones son energía. La máquina de escribir que estoy usando es energía.
Cuando uno conoce a otra persona, se produce un intercambio de energía.
Cada uno de los hechos de la vida implica intercambio de energía.
Cuando usted decida se espectador de toda su vida, comenzará a verla desde
una perspectiva energética. Todos los conflictos en los que ha participado a lo
largo de su existencia, de alguna forma le han extraído energía espiritual y le
han dejado con energía letárgica.

Estos encuentros, desde la infancia, representan una energía almacenada que
ha hecho que centrara su vida en su ego. Se ha identificado con los hechos y
las personas que le han influido. Eso ha creado y alimentado la energía
letárgica que le inhibe a la hora de conocer su yo espiritual.

Usted guarda en sí una gran cantidad de energía negativa, invisible, de la que
sus sentidos no le informan en un idioma que le hayan enseñado a entender.
Los naguales (maestros espirituales de América Central y México) tiene un
entrenamiento ritual llamado la recapitulación, que puede disminuir la energía
negativa, letárgica, e incrementar la capacidad de observar.

Taisha Abelar, en The Sorcerers’ Crossing (La traesía de los hechiceros)
describe el proceso de recapitulación como un “llamar de vuelta la energía que
ya hemos empleado en acciones pasadas... Recapitular implica evocar a todas
las personas que hemos conocido, todos los lugares que hemos visto y todos
los sentimientos que hemos tenido a lo largo de nuestra vida –comenzando en
el presente y retrocediendo hasta los más tempranos recuerdos- y luego
limpiarlos uno por uno”.

Cuando por primera vez hice el esfuerzo de recapitular mi vida y limpiar la
energía negativa que había acumulado, pensé que sería una tarea imposible.
Pero no lo fue. Sólo entrañó utilizar mi atención para observar un hecho
concreto y luego dejarlo tras de mí.

El proceso suena raro, pero cuando se lleva a cabo uno obtiene una poderosa
sensación de dejar tras de sí los viejos condicionamientos y recargar de
energía el presente. Lo que encontré casi pasmoso fue mi capacidad para
evocar a personas y hechos aparentemente olvidados hace mucho tiempo.
Un día decidí recapitular mi mente de cuarto de básica. Por el simple sistema
de ser un espectado benevolente de mi aula en la Arthur Elementary School de
Detroit, fui capaz de ver a cada uno de mis compañeros de clase, el lugar en
que se sentaba cada cual, el libro que leía la señorita Engel: el jardín secreto, la
lección de quebrados, el globo terráqueo en un rincón, y los nombres de todos
los de la clase.

Mientras me observaba a mí mismo en el aula, me di cuenta de que había
consumido una enorme cantidad de energía teniendo miedo de no ser
aceptado.

Era mi primer año en esa escuela porque nos habíamos trasladado desde otro
vecindario. Fui capaz de devolver a mi cuerpo energético la energía
consumida. Me quedé sorprendido ante la capacidad de mi mente para evocar
todos aquellos hechos y compañeros de clase en apariencia insignificantes y
olvidados mucho tiempo atrás.

El proceso de recapitulación es un proceso energético. Todos los recuerdos,
como todo lo demás del universo, son energía. Recobrar la energía perdida y
despojarse de la energía negativa parece imposible de hacer, pero puedo
asegurarle que el cultivo de la condición de espectador tendrá el espectacular
efecto de aumentar su conciencia y hacerle conocer su más sublime yo.
Al penetrar en su interior y empezar a ser espectador, testigo de toda su vida,
comenzará a sentir una abrumadora sensación de asombro y respeto ante la
forma en que todo encaja. Aquello contra lo que luchaba cuando era
adolescente, le condujo a un plano de existencia más elevado en la juventud, o
en la edad madura. La energía que empleó luchando contra sus padres, o
enfrentándose a reglas necias, puede ser recuperada y utilizada de una manera
más provechosa.

Desde las perspectiva del espectador, uno no establece juicios sobre lo
correcto o incorrecto de tal o cual hecho, de sus comportamientos o de las
reacciones de los otros. Al ser un testigo de su propia vida, usted se libera de
la energía atrapada en los prejuicios, enojo y vanidad que pueda haber
experimentado en esa época, y que aún se encuentran dentro de su cuerpo.
Mediante la observación, descubrirá que posee la capacidad de regresar a
cualquier momento de su vida, y actuar como si volviera a estar ante la misma
situación.

Observar su vida y cambiar las pautas energéticas existentes implica alcanzar
una enorme disciplina. Puede que prefiera no pasar por esta dura prueba. Sin
embargo, si se convence de que tiene el poder para hacerlo, y que usted puede
ser un testigo de su vida a voluntad y revivir esos acontecimientos desde una
perspectiva distante, podrá desembarazarse de todos los bloqueos que le
inhiben.

Cualquier energía que otorgue a los acontecimientos pasados y que no esté
basada en el amor incondicional es una energía que le impide conocer a su yo
espiritual.


Observación del mundo que le rodea

Uno puede adoptar la postura del espectador ante todo lo que sucede. Esto
incluye hechos ocurridos en el vecindario, así como acontecimientos de
importancia mundial. Como testigo, uno se niega a identificarse con lo que ve;
se es un observador distante, pasivo pero que advierte las cosas. Usted no se
identifica con lo que sucede, pero lo advierte.

Cuando uno se convierte en testigo de los hechos que nos rodean, elimina la
perspectiva egocentrista. Ya no lo verá en términos de cómo le afecta a usted.
Se limitará a advertir lo que pasa. No está unido al bien o al mal de lo ocurrido.
Sabe que, de alguna forma misteriosa, todo forma parte del orden natural. No
cuestionará a Dios. Se limitará a observar.

La ventaja de adoptar esta posición es que uno comienza a ver cómo ese
hecho afecta a toda la gente. Si es un problema, usted ve la solución con
claridad. Siente que no debería estar sucediendo, pero no pregunta por qué y
no juzga ni se enoja por ello. Usted es un testigo silencioso. Si el
acontecimiento es un huracán o un terremoto, por ejemplo, no se siente
desgarrado por dentro. Sabe lo que ha sucedido, sabe lo que es necesario
hacer, y puede ponerse a hacerlo.

Aprender a observar el mundo desde la perspectiva del observador distante,
sin embargo, no significa carecer de emociones. Sólo significa estar libre de
emociones inmovilizadoras. Abraham Maslow definió a los más valiosos seres
humanos como aquellos que se habían realizado, y especificó que la más alta
cualidad que poseían era ser “independientes de la buena opinión de los
demás”.

Cuando uno ya no necesita ver los acontecimientos de su vida desde una
perspectiva egocéntrica, o desde el punto de vista de cómo debería reaccionar
atendiendo a los demás, ha conseguido una importante parcela de libertad.
Libertad es lo que ofrece la posición del testigo. Libertad de estar en un
aeropuerto, por ejemplo, contemplando cómo los demás se trastornan por la
cancelación de un vuelo, mientras usted observa en silencio el comportamiento
ajeno a la para que el suyo propio.

Durante la época en la que estaba aprendiendo a practicar la condición de
testigo, me encontré en un avión que se vio atrapado en una turbulencia
increíble. Mientras caían la mascarillas de oxígeno, el avión se sacudía con
violencia y los pasajeros gritaban de pánico, yo me encontré observando el
acontecimiento, incluido mi comportamiento.

Dejé que mi cuerpo se quedara allí sentado y fuera sacudido violentamente. No
experimenté el más mínimo miedo. Estaba distanciado, y en consecuencia no
era yo quien se hallaba en peligro, sino ese al que estaba observando. En mi
corazón sabía que no podía morir, que era eterno, y desde esa eternidad
observaba.

Ese testigo sereno evitó que fuera presa del pánico, y pareció aliviar el miedo
también en la persona que tenía sentada a mi lado.

Usted puede aplicar la condición de testigo a todo lo perturbador. Las guerras
continuarán y continuarán con independencia de su torbellino interno. El que
hubiera muchos espectadores del mundo podría ayudar a crear una energía
colectiva de paz. Desde luego, no será su enojo lo que erradicará la guerra.
Lo mismo es verdad en el caso de la violencia, el hambre, la enfermedad y
todos los problemas que padecemos. Al transformarse en testigo, no se vuelve
pasivo ni indiferente. Se convierte en el observador que ve lo que sucede
como lo que es, y que también ve las soluciones.

Si hace suyo el enojo de los violentos, usted se transforma en un violento más
que altera la armonía del mundo. Como testigo, usted radiará la calma energía
de la observación y el distanciamiento. Éstas son las metas que nuestro
mundo alcanzará si los que observamos como testigos logramos llevar a
término una revolución espiritual.

Éstas son, pues, las cuatro categorías de observación que usted tiene
disponibles. Puede que le suenen un poco extrañas si cree que sólo actuamos
sobre el mundo con nuestro yo físico o intelectual. Admito que es una noción
nueva y quizá radical, pero póngala a prueba. ¿Quién sabe? Podría acabar
transformando su vida y ayudándole a entrar en contacto con la fuerza y la
sabiduría de su yo espiritual.


SUGERENCIAS PARA ALCANZAR LA CONDICIÓN DE ESPECTADOR

Las siguientes son algunas ideas para poner al testigo a trabajar en su vida:
¡Perciba al que percibe! Mientras toma nota e sus mundos, el interior y el
exterior, comienza a familiarizarse con el que percibe.

Si hace esto varias veces al día, comenzará a ver que es mucho más que su
cuerpo, su mente y los hechos programados de su vida. Darse cuenta de la
presencia de su verdadero yo como un observador le aportará nuevas
dimensiones de creatividad y contento.

Mientras se familiariza con el que percibe, recuerde que no puede sentir dolor
ni sufrimiento. Su testigo benevolente le revela un rincón de libertad donde
usted es inmune a la angustia

Le sugerí a una camarera que estaba siendo importunada por unos clientes
desconsiderados, que observara el comportamiento de ellos en lugar de ser la
víctima. No lo entendió y me pidió que se lo explicara.

-Tienes tres protecciones entre el yo real y el mundo exterior –le dije-. Primero
tienes el uniforme de camarera. Eso, desde luego, no es su verdadero yo, así
que no se identifica con la camarera.

“En segundo lugar, tiene su cuerpo, pero no sabe cometer el error de creer que
es su cuerpo. Si lo hace, cualquiera puede hacerle daño con un comentario
poco halagüeño sobre él. Usted posee un cuerpo, pero no es ese cuerpo.
“En tercer lugar, tiene la mente, pero advierta que se trata de su mente. Ahora
bien ¿quién es la dueña de su mente? Es quien observa y ésa es usted.
“No es la mente, ni su cuerpo, que siente ansiedad; tampoco su uniforme de
camarera, que o es más que un testigo.

“No permita que nadie entre en su interior a menos que venga con amor. Con
todos los demás, limítese a retroceder y observarlos, así como a usted misma,
en el pequeño drama que esté desarrollándose. Una vez que ponga fin a la
falsa identificación de sí misma, será libre. Ser el observador es su billete
hacia la libertad. Vaya por él.

De esta manera obtuvo una nueva sensación de alivio y orgullo de sí misma, y
supo mantener a distancia la desagradable energía de otros clientes
desconsiderados.

Usted puede lograr algo semejante en cualquier momento de su vida por el
sistema de convertirse en espectador.

Cuelgue esta afirmación en tanto sitios como le sea posible: “En mi mundo,
nunca va nada mal”. Mírela cada día y recuerde que todo lo que le sucede
obedece al orden divino y comporta una lección. Al mismo tiempo, le ayudará
a vivir en el reino espiritual: el reino de lo inmutable y eterno.
Comenzará a identificarse, no con los problemas que bombardean su cuerpo,
sino con el observador silencioso. Verá que las soluciones empiezan a surgir
cuando adopte esta postura. Si sabe que sus problemas no son suyos sino
sólo de su cuerpo, entonces el acto de observar evitará que quede inmovilizado
en el interior. Esa serenidad le ofrecerá la solución para resolver el problema
de su cuerpo.

Cuando se sienta trastornado por cualquier cosa, diga en voz alta: “Soy algo
más que aquello que me molesta”. Sólo esta sencilla declaración que afirma
que usted es algo más que un receptáculo de problemas evitará que permita a
esos problemas prevalecer en su vida cotidiana.

Usted no es esos problemas, sino el que es consciente de la existencia de los
mismos. Su conciencia superior puede proporcionarle un refugio cuando
comienza a creer que usted es esos problemas, y que hasta que los resuelva
sentirá dolor.

Intente este ejercicio: piense en algo que ha estado molestándole durante un
largo período de tiempo. Ahora váyase a un lugar tranquilo y cierre los ojos.
Limítese a ver el problema aflorando a la pantalla en blanco de su conciencia.
Advierta todos los aspectos del problema. Qué apariencia tiene, cuándo
aparece, qué siente cuando lo tiene en la mente, el dolor y miedo que
experimenta cuando está presente, cómo se ha enfrentado a él sin éxito en el
pasado. Piense en todo lo relacionado con el problema.

Luego distánciese del problema. Simplemente déjelo que permanezca allí, en la
pantalla de la mente. Mírelo desde el punto de vista del espectador
comprensivo que sin juzgar observa la pantalla. Contémplelo como una
película, permitiéndole que cambie.

Verá que cambia y aparece y desaparece de la conciencia. Con cada cambio o
movimiento que realice en la pantalla, usted continúa en la actitud del testigo
benevolente que sabe que la energía hará lo que quiera y que también estará
acompañada por la amorosa energía del testigo. A menudo, este acto de
observación dará como resultado la sensación de que el problema se ha
disipado. Si eso ocurre, obsérvelo también desde la posición del observador
comprensivo.

Yo practiqué este acto de observación cuando me lesioné y no podía jugar al
tenis. Al principio reaccioné ante el dolor que sentía en el pie con frases como:
“Esta lesión no me dejará hacer lo que quiero, y eso me fastidia”.
Me encontré con que, independientemente de lo que intentara, el dolor persistía
y yo era incapaz de girar sobre el pie y, en consecuencia, tuve que interrumpir
una actividad que me encantaba.

Luego adopté la postura del espectador. Ya no me vi a mí mismo como alguien
con una lesión. Atribuí el dolor sólo a mi cuerpo y no a mí. Presencié toda la
situación y me limité a observarla. Observé amorosamente el dolor, la forma en
que aparecía, mis sentimientos de frustración por él, el color de la hinchazón,
todo. Pero me negué a pensar en él como mío. Era sólo el problema de mi
cuerpo. El mismímismo día en que hice eso, todo el malestar desapareció.
Había concentrado mi atención en lo que ocurría, y me había distanciado de
ello: y en lo que pareció unas pocas horas, ya no sentía el dolor y estaba
jugando al tenis como si nunca hubiera tenido lesión alguna.

Con el fin de conocer los beneficios que depara el observar, tendrá que
desterrar la duda. Recuerde que le han enseñado a creer que su cuerpo es la
esencia de su humanidad. Le han enseñado a abordar los problemas con sus
recursos físicos e intelectuales, no con su yo espiritual.

Tenga presentes las palabras de Carlos Castaneda en El poder del silencio: “Lo
que necesitamos hacer para permitir que la magia se apodere de nosotros es
desterrar la duda de nuestra mente... Una vez desterrada la duda, cualquier
cosa es posible”.

Si no destierra la duda se encontrará con que sólo experimentará frustración,
lo cual le conducirá de nuevo a la duda, y entonces verá los frutos de la duda
manifestarse en su vida.

No se obsesione con la idea de tener éxito o fracasar en alcanzar la posición de
espectador. Emprenda esta aventura con total desapego de los resultados.
Sólo tenga presente que dentro de usted hay alguien que conoce. Uno que
percibe. Un divino espíritu silencioso que es omnipresente en su vida. No pida
nada más.

No caiga en la tentación de evaluar sus progresos. Limítese a acoger en su
vida a este nuevo fenómeno de observación como un regalo de su yo
espiritual. Llegado el momento percibirá los resultados.

Practique nuevas frases para el monólogo interno a fin de reemplazar su
antigua identificación con su cuerpo físico. “Yo soy el que posee el cuerpo.
No soy el cuerpo. No pueden alcanzarme si vienen con odio o enojo. No
puedo preocuparme cuando me niego a ser el que se preocupa y me limito a
observar al que tiene esas preocupaciones”.

Estas frases del monólogo interno le mantendrán centrado en su dominio
espiritual. Descubrirá que muchas de las cosas por las que se preocupa o que
experimenta de manera negativa comienzan a perder negatividad.
En lugar de trabarse en confrontaciones con los demás, intente ser un
observador. Elévese por encima de la tentación de demostrar que alguien está
equivocado, y en cambio obsérvese a sí mismo y a su “oponente”.
Pronto verá la necesidad de trabarse en esta confrontación que provoca
ansiedad, y cambiará a una reacción más espiritual. Tenga presente la
siguiente frase: sirve para desactivar las confrontaciones y mejorar las
relaciones; “Cuando tienes la elección entre tener razón y ser amable, escoge
siempre la amabilidad”.

Oí esa frase mientras estaba observándome a mí mismo en medio de la
agitación por algo que mi esposa no entendía. Había estado tan ocupado en
intentar demostrarle que estaba equivocada y convencerla de lo correcto de mi
postura, que me sentía cada vez más angustiado. Entonces mle llegó la frase.
Me ha resultado muy útil para desactivar situaciones como ésa.
Es un lugar tranquilo, observe sus pensamientos durante treinta minutos.
Limítese a acallar su mente y contemplar los pensamientos que van y vienen.
Mientras hace esto, no deje de recordarse que los pensamientos no son usted.
Se encontrará con que un pensamiento aparece en su mente, y a los pocos
instantes aflorará otro por completo opuesto. Advierta los pensamientos que
llegan y luego obsérvelos al marchar. Esto resulta particularmente útil cuando
uno se siente trastornado por algún hecho externo, como qué oferta de trabajo
aceptar o si debe vender su casa.

Su atención se volverá hacia esos pensamientos que le proporcionen la
solución. A menudo, lo que debe hacer se volverá claro como el cristal. Habrá
desterrado la duda y creado un saber, todo mediante el acto de observar desde
un punto de vista distante.

Resulta inevitable que tenga que llevar a término tareas que sean
desagradables o que no tengan ni el más mínimo interés en absoluto. En lugar
de quejarse por lo injusto que es, o por lo aburrido que le resultan esos
trabajos, recuerde que o es su cuerpo, sino el que es eterno e inmutable, y que
tiene la posibilidad de no sentirse víctima. Puede desprenderse del cuerpo,
observarlo pasar por el tedio, y negarse a identificarse con él.
Entonces se encontrará en la posición de observarse sin identificarse con el
cuerpo. Este proceso de observación destierra de inmediato el enjuiciamiento
de la actividad y le proporciona un estado de contento.

Yo solía aplicar esta técnica cuado trabajaba para una gran cadena de
supermercados. Una de mis tareas consistía en descargar un remolque lleno
de pesadas cajas. A menudo tenía que hacer el trabajo en solitario. Era un
trabajo aburrido, fatigoso. Entonces yo no sabía que lo que hacía para que
fuera más llevadero era adoptar la posición del espectador, pero, al mirar ahora
el pasado, veo que hacía eso.

Me observaba realizando todos los movimientos. Y las cajas ya no pesaban.
Yo no las levantaba. Contemplaba a mi cuerpo hacer el trabajo. El tiempo
pasaba volando, y antes de que tuviese siquiera ocasión de sentir aburrimiento
o cansancio, el trabajo estaba acabado. Era capaz de transformarme y hacer
esa tarea desde la perspectiva del observador.

He hablado con prisioneros que han usado esta técnica para soportar su
condena, particularmente cuando se hallaban en condición de aislamiento.
Algunos son capaces de observar la totalidad de la experiencia en lugar de
aferrarse a ella, y descubren que sus sentimientos de aislamiento desaparecen.
De hecho, los que han sobrevivido a la tortura en campos de prisioneros, a
menudo dicen que se negaron a pensar en sí mismos como los que estaban
siendo torturados. Consiguieron abandonar sus cuerpos y contemplaron cómo
se infligía la tortura, apartando así el dolor de su conciencia.

En cualquier momento, en cualquier trabajo, puede encomendarle la tarea a su
cuerpo, apartando de sí el cansancio, el aburrimiento o cualquier otro
sentimiento.

Intente la recapitulación. Puede recapitular su vida, hasta su nacimiento, si
cree que puede ser útil. Este proceso implica imaginarse a las personas y los
hechos que han formado parte de su vida.

Comience moviendo la cabeza de izquierda a derecha con mucha lentitud
mientras trae a la conciencia a las personas y los hechos. Mientras mueve la
cabeza de un lado a otro con mucha lentitud, empieza a recobrar la energía que
ha perdido en esas circunstancias. Está recuperando la energía que ha
disipado.

Algunas personas han pasado hasta dos años en este proceso de
recapitulación.

Cuando acabaron, se encontraron recargados de energía y capaces de acceder
a su nueva energía, para transportarse al interior, hacia nuevas dimensiones de
realidad; nuevos mundos internos que desafiaban todo lo que hasta entonces
habían creído posible.

La práctica de la recapitulación proporciona un cuadro más claro de la
necesidad de que todo lo que sucedió en su existencia tuviera lugar de la forma
precisa en que lo hizo. La recapitulación hace trizas la creencia de que la
energía, una vez consumida, no se puede recuperar. Usted puede acceder
tanto a su cuerpo como a su cuerpo energético y conocer nuevos mundos. La
recapitulación es una entrada a esos mundos.

Estas ideas de recuperación de energía, limpieza de energía e intercambio de
energía entre las personas puede que le parezcan absurdas. De ser así, ello se
debe a que ha llegado a confiar en sus cinco sentidos hasta tal punto que
cualquier realidad extrasensorial le parece increíble.

Todo es energía en el universo. Usted no puede moverse sin influir en la
energía. Usted es un conjunto de energía, y siempre lo ha sido. Vaya más allá
de sus sentidos y experimente un nuevo tipo de energía que lo pondrá en
contacto con mundos que tal vez nunca ha imaginado

El proceso de recapitulación es algo increíble. Usted puede redistribuir su
energía normal e intensificarla de tal modo que dé un salto espectacular hasta
el mundo de lo inimaginable. Le recomiendo que lea el libro de Taisha Abelar,
The Sorcerers’ Crossing, para obtener una descripción detallada del proceso
de recapitulación.

Aunque le resulte difícil alcanzar la posición de observador, lleve a la práctica
algunas de estas ideas. Más que nada, la perspectiva del espectador le hace
conocer su yo espiritual. Le hace compartir el gran secreto: usted no es sus
problemas, ni sus frustraciones, ni siquiera su vida física. Es el que percibe
todo esto.

No puede aferrar ni examinar ese glorioso aspecto de sí mismo porque reside
en el yo invisible. Sin embargo, es el núcleo de su búsqueda espiritual.
Usted ha de conseguir que sea su yo espiritual quien gobierne su vida.
Necesita una experiencia más profunda y rica de la vida. Ésta le será esquiva
si no llega a conocer ese aspecto superior de sí mismo. El ser un espectador le
iniciará en este conocimiento. Nisargadatta Maharaj afirma en I Am that: “Es la
idea de que yo soy mi cuerpo la que resulta tan calamitosa. Te ciega por
completo ante tu verdadera naturaleza. Aunque sea por un momento, no
pienses que eres el cuerpo. No te des ningún nombre, ninguna forma. La
realidad se encuentra en la oscuridad y el silencio”.

Al cultivar esta nueva conciencia se encontrará con que disfruta del silencio
aún más que cuando solía buscar al bullicio por compañero. El cultivar la
observación le hará reconocerse no como el que hace, sino como el que
observa al que hace. Llegará a recibir de buen grado este reino como un
respiro del ajustado mundo en el que ha estado viviendo.

La tercera clave de acceso a la conciencia superior le hará avanzar más en su
búsqueda espiritual. Es un arte gemelo de la condición de espectador.


WAINE W. DYER

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