viernes, 10 de marzo de 2017

Lo que mis ojos no ven


Continuando con la introducción respecto a los otros sentidos que poseemos pero que no están activos, hemos de añadir y recalcar que, simplemente, en la mayoría de los casos, es por falta de energía, de la calidad y octanaje adecuado, que su puesta en marcha se hace tan difícil, amén de otros bloqueos y restricciones impuestas bien por uno mismo (miedos a ver, a percibir, a sentir, a lo desconocido, etc.), bien externamente (programas, patrones inducidos, fantasías respecto a lo que son provenientes de la educación y la sociedad, etc.)

La parte de bloqueos y restricciones se puede eliminar con trabajo interior, a través de las diferentes técnicas de sanación energética que tenemos disponibles, la parte de tener energía suficiente para poder activarlos es ya un trabajo más complejo de aprender de forma detallada el funcionamiento de todo el conjunto del sistema energético, y de cómo usarlo correctamente. Combinando ambas funciones, y con constancia y paciencia, todo el mundo puede ver resultados a la hora de poner a funcionar las seis marchas del coche en vez de seguir siempre conduciendo en primera.

La percepción de lo que no se ve

De una de esas marchas hablaremos hoy, que no es otra que aquella que nos permite percibir (que es diferente a “ver”) lo que los ojos no captan. Se puede percibir con la piel, se puede percibir con la mente, se pueden percibir con las manos, ya que el “percibir”, es un concepto muy amplio que significa que podemos captar una serie de frecuencias, que no forman parte del rango visible del espectro lumínico, y dirigiéndolas hacia la pantalla mental (que es una herramienta interna presente en todos nosotros, y controlada por la glándula pituitaria), uno puede tener imagen mental de decenas de cosas del entorno que no son percibidas por la vista ordinaria.

Y es que, de este sentido, la visión “extra-ocular”, derivan cosas tales como la visión remota o la clarividencia, a partir de la cual uno puede entender lo que se mueve alrededor suyo, sin que por ello deje de ver el mismo mundo de mesas, coches y arboles físicos que ven el resto de seres humanos. En este aspecto, el principal problema es el miedo que subyace, especialmente en capas profundas del subconsciente, y en el cuerpo mental normalmente, a captar y ver algo que sabemos que existe pero que entra en conflicto con lo que nos han dicho que existe, o mejor dicho, que todos hemos podido ver algo alguna vez, sea de pequeños, sea en sueños, sea en otras encarnaciones donde esta facultad estuvo activa, que ahora mismo genera tal contradicción con la programación natural e implantada por los sistemas de control y gestión de la humanidad que hay, literalmente hablando, un conflicto de intereses entre lo que sabemos que está “más allá de nuestros sentidos” (lo saben otras partes de nosotros que no permiten o tienen acceso a la mente lógica y racional) y lo que esa misma programación y sistema de creencias racional admite.

Así pues, en un amplio número de situaciones sociales, puedes percibir que hay cierto tipo de entidades no físicas alrededor de la gente, puedes percibir desencarnados, puedes percibir que estás sintiendo un cierto tipo de energías, pero quizás no puedes admitirlo delante de los demás. Para muchas personas, el entrar a un sitio y largarse inmediatamente porque está lleno de “cosas” que no te gustan, pero que no puedes explicar, porque no es aceptado como algo “natural”, causa tantos conflictos en el inconsciente humano, colectivo e individual, que llega a extrañar que no se nos crucen los cables y nos cortocircuitemos más a menudo.

Una activación paulatina

Para poder activar ciertos sentidos extrasensoriales, hay que superar el miedo a lo que hay más allá de lo que actualmente vemos. No tenemos la culpa en cierto sentido ninguno de nosotros de poseer esos miedos, ya que han formado parte siempre de los procesos de indoctrinación que están en marcha para mantener siempre a la población confinada en unos parámetros adecuados para su gestión, lo que sucede es que es necesario hablar abiertamente de ello, porque millones de personas, por los cambios energéticos del planeta, van a abrirse, lo quieran o no, a otra realidad, a la percepción de otras realidades, por las razones que explicamos en el artículo sobre los picos en la resonancia de Schumann, y, si esta apertura se hace sin preparación intelectual previa, el resultado será muy contraproducente incluso para la propia salud mental de la persona.

Con esto quiero decir que el hecho que ahora nos esté dando en el blog por escribir de temas que en el mundo occidental muchos millones de personas consideran fantasía, es por la necesidad de que imbuyamos en nosotros la idea de que quizás, solo quizás, a medida que el entorno en el que nos movemos cambia, nuestro sistema energético cambia, y si este cambia, cambiará la forma en la que vemos la realidad. No hace mucho, en una incursión para lidiar con un problema, un ente me emitió, literalmente el mensaje: “otro humano que puede vernos y oírnos”, y si esta frase, generada con una energía de desprecio brutal, que se produjo haciendo una sanación a una persona, no vino como si fuera la primera vez que le pasaba, significa que estamos ante una situación donde el ser humano ha de ser consciente de que, en cualquier momento, puede empezar a percibir muchas cosas que pueden causar quizás algo de aprensión al principio, pero que no puede ser parado ni frenado, ya que, en una parte sí que depende de nosotros y de lo que nos trabajemos, pero, por otro lado, simplemente es consecuencia de los cambios planetarios que estamos viviendo y de los que no podemos escapar.

Una realidad más expandida


¿Qué es lo que empezaremos a percibir entonces? Nada que no veamos ya desde otras partes de nosotros mismos, pero que nunca llegan a la mente consciente en la mayoría de los casos. Veremos un poco más de la realidad como la realidad es, en diferentes niveles de su estructura multifrecuencial, y veremos o percibiremos, pues este último verbo realmente es más exacto, parte de la vida consciente que existe fuera de los tres niveles que estrictamente componen la materia visible en el plano físico (sólido, líquido y gas), pues también existen otros cuatro niveles de vibración, en este mismo plano que nuestros ojos ya no suelen captar, y que se suelen llamar los niveles etéricos, superetéricos, sub-atómicos y atómicos, como una forma de delinear el estado vibracional de la materia en esas frecuencias.

El principal reto para nuestra sociedad, es pasar de los sistemas de creencias de “si no lo veo no lo creo” a “estoy empezando a ver cosas en las que no creía”, y dejar de auto bloquearnos por ello. Necesitamos, como raza, formarnos en todo lo que existe más allá del mero plano físico en el que nos han confinado para poder tomar con naturalidad lo que existe fuera del mismo, y necesitamos dejar de ridiculizar y tomar como algo fuera de lo normal que este tipo de cosas puedan ser percibidas.

Dudas activadas y autogeneradas

El mensaje, en todo caso, es que lo que mis ojos no ven, pero que mi visión mental sí que empieza a percibir, es tan real como lo otro. ¿Por qué dudamos? Dudamos porque tenemos muchas interferencias que, sea a propósito (dirigidas específicamente contra alguno de nosotros) o simplemente porque forman parte de los campos electromagnéticos entre los que vivimos, activan bloqueos en la psique, en las esferas mentales, que ponen en marcha programas de protección de los arquetipos y del sistema de creencias que tenemos. Esto es difícil de explicar si uno no ha estudiado e investigado a fondo el funcionamiento de las esferas mentales, pero hay programas y filtros que literalmente protegen, bloquean e impiden que algo que va muy en contra del sistema de creencias que cada uno tiene pueda desmontarlo, así que, para que alguien pueda cambiar su visión de la realidad, y acepte lo que quizás antes no aceptaba, ha de recibir lo que solemos llamar “choques de consciencia”, que permitan, tal y como explicaba en el artículo sobre el embudo de la percepción humana, eliminar alguno de los filtros que tamizan el contenido de lo que recogemos del exterior, para adecuarlo a lo que cada uno lleva a cuestas.

Hay momentos qué, por cambios brutales o radicales, y rápidos, en la estructura energética que nos compone, que estos programas de protección saltan por los aires, y entonces la persona tiene o bien un “despertar” brutal, al cambiar rápidamente la forma en la que ve el mundo, actualizando rápidamente su sistema de creencias a una nueva versión más expandida y amplia, o se tienen crisis existenciales muy profundas, si uno no deja ir, y se mantiene agarrado a las estructuras antiguas que nos daban un sentido a la realidad cuando todo se pone patas arriba.

De ahí la importancia del conocimiento intelectual, aunque sea puramente informativo sobre todos estos temas, pues todo lo que ya está presente en nuestra mente, aunque no esté plenamente aceptado o integrado, disminuye la posibilidad de un shock a la hora de darte cuenta que la realidad y lo que vive y existe en ella es mucho más amplio, en ambas polaridades y en todo tipo de niveles de vibración, de lo que uno ve, y así se prepara el terreno para una actualización paulatina y suave hacia el uso normalizado del resto de sentidos extrasensoriales que, como hemos, dicho, todos tenemos por defecto, y están activándose en algunas personas, poco a poco, ya de forma natural.



http://davidtopi.com/lo-que-mis-ojos-no-ven/

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