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| Sri Atmananda Krishna |
En la declaración: “Yo soy la consciencia”, hay dos partes. Según la experiencia del mundo de la persona, estas dos partes se expresan de forma diferente. El “yo” se expresa como una personalidad cambiante. Y la “consciencia” se expresa en las cambiantes percepciones de muchos objetos diferentes. Esto da lugar a otras dos prakriyas. Una prakriya examina las percepciones personales, que se reflejan en su testigo inmutable. La otraprakriya examina los objetos, reduciéndolos a la consciencia.
La prakriya testigo comienza con una negativa. El cuerpo, los sentidos y la mente de una persona no siempre están presentes con el sí mismo (self). El cuerpo exterior de la vigilia y sus sentidos no están presentes en los sueños que la mente imagina interiormente. Y ni el cuerpo que percibe el exterior ni la mente que concibe el interior están presentes en el sueño profundo. Así que, el sí mismo de nadie puede verdaderamente ser un cuerpo, ni los sentidos, ni la mente.
Por consiguiente, se inicia un proceso de eliminación para distinguir exactamente qué es el verdadero sí mismo (self). Nuestra propia identidad verdadera es aquella de la que uno nunca puede separarse, nunca puede alejarse. Cualquier cosa que pueda ser distanciada debe ser eliminada de ser considerada como el verdadero sí mismo.
La eliminación es progresiva. Se inicia con la identidad física de uno, como un cuerpo en un mundo exterior. Pero ese cuerpo exterior desaparece de la experiencia en los sueños y el sueño profundo. Incluso en el estado de vigilia, el cuerpo desaparece cuando la atención se dirige a otros objetos o pensamientos y sentimientos en la mente.
De hecho, el cuerpo que percibe un mundo sólo está presente de manera irregular en la experiencia actual. La mayoría del tiempo, no está. En algunas ocasiones, cuando aparece, se identifica como el sí mismo ― por lo que reclama que sigue presente todo el tiempo, incluso cuando la atención se dirige a otra parte. Pero esta afirmación de la identidad corporal es claramente falsa en la experiencia actual. Cuando nos damos cuenta del error, el cuerpo se elimina de nuestro sentido de sí mismo.
Como la identidad corporal resulta falsa, el sentido del yo (o sí mismo) vuelve a recaer en la mente. Entonces el sí mismo aparece identificado como el que piensa una corriente de experiencias de pensamiento, a medida que se suceden en el transcurso del tiempo.
En cualquier momento en la corriente, sólo aparece un único pensamiento. Porque en ese momento, no hay tiempo para pensar dos pensamientos o más. Tampoco hay tiempo para pensar en cosas diferentes, en ese único instante. Para pensar en más de una cosa, debe haber más pensamientos que tengan lugar en diferentes momentos.
Así que cuando la mente piensa de sí misma, que está ahí sola, ha pensado momentáneamente en un momento pasajero. La mayor parte del tiempo la atención cambia a otras cosas, y entonces la mente no está. En su propia corriente de pensamiento, la mente sólo aparece de vez en cuando ― como un pensamiento pasajero del ego, donde la mente se concibe a sí misma. En las ocasiones en que aparece este ego-pensamiento intermitente, la mente lo identifica como un yo que conoce la experiencia. Este ego-pensamiento por lo tanto pretende continuar de alguna manera, incluso cuando es reemplazado por muchos otros pensamientos que se mantienen sucesivos en el tiempo.
Este pensamiento del ego es contradictorio, confuso y absurdamente inflado en sus pretensiones. La mayoría de las personas se dan cuenta de que hay algo equivocado con el ego, en la forma en que se centran en lo que ven, piensan y sienten acerca de sus cuerpos parciales y sus mentes cambiantes. Pero entonces, ¿cuál es exactamente el problema? ¿Y cómo podría ser corregido?
El problema es que cuando la mente piensa, en realidad no conoce. Los pensamientos de la mente son sólo actos cambiantes, cada uno de los cuales distrae la atención de los demás. Cada uno ahoga a los demás con su ruidoso clamor. Mientras estos pensamientos se sustituyen unos a otros, el conocer es lo que continúa. Es un atestiguar silencioso que es completamente imparcial y desapegado, no implicado en absoluto con ninguna acción cambiante.
El sí mismo (self) que conoce es entonces un testigo silencioso de todos los pensamientos que van y vienen. Mientras la mente y el cuerpo realizan sus actos, el testigo sólo atestigua. Su atestiguamiento no es un acto cambiante. En su puro y silencioso conocer, no hace nada. No se involucra de ninguna manera con ningún acto que cambia. Permanece igual, absolutamente sin cambio e inafectado, completamente libre e independiente de lo que es atestiguado.
Por la mera presencia de ese testigo silencioso, lo que aparece queda iluminado y registrado. Todo el mundo depende de ese testigo para toda memoria y comunicación. Para recordar o comunicar, hay un retroceso a su presencia silenciosa, que es compartida en común por todos los tiempos cambiantes y personalidades diferentes. A partir de ahí, todas las cosas son conocidas, imparcial y verdaderamente.




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