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| David Topi |
Cuando hablamos de unificar todos los “Yos” y de conseguir que la “consciencia de nuestro ser/Yo Superior” se “asome” al mundo exterior y material para, desde ahí, llevar la gestión del vehículo físico que somos para “él”, asumimos que hemos conseguido modificar esa esfera de consciencia para que, de estar “opacada” y llena de los múltiples aspectos psicológicos que determinan las infinitas facetas de nuestra personalidad, se encuentre “libre” y limpia de los mismos, y, con ello, una vez cristalizados los centros de control y equilibrados los aspectos instintivos, emocionales y mentales de la persona, estemos en la transición de aquello que Gurdjieff llamaba el “hombre número 4”, a aquello que llamaba el “hombre número 5”.
A partir del estado en el que se encuentran los cuerpos sutiles y los centros de control del ser humano, las personas se puede dividir básicamente en 7 tipos o categorías. Cada “hombre” está catalogado entre el número 1 y el 7, y pertenece a una u a otra categoría según el centro de control que sea dominante, y según el cuerpo sutil que esté más desarrollado en la persona, y tenga el papel principal sobre el conjunto del sistema energético que nos compone. Hay mucha literatura en la red, así que para el tema que vamos a explicar hoy, solo nos centramos solo en estas dos categorías mencionadas.
Antes de todo trabajo con uno mismo, podríamos decir que nuestra psique pudiera tener esta pinta:
Siendo este diagrama una representación de lo que denominamos la esfera de consciencia del ser humano, y donde la consciencia “real” de aquello que somos es el punto central de la misma, y los puntos negros de la superficie son los diferentes Yo’s de la personalidad que hemos ido forjando con los años.
El hombre número 4
Una vez una persona ha hecho el suficiente trabajo interior y los desequilibrios en su personalidad instintiva, emocional y mental han sido corregidos hasta cierto punto, Gurdjieff explicaba que el ser humano avanza por la escalera evolutiva hasta llegar a convertirse en hombre número 4, que es aquel que ha equilibrado los centros de nuestro cuerpo físico, y que ya ha creado un centro de gravedad consciente en el interior de su esfera de consciencia. Esto quiere decir que ha empezado a ordenar aquellos Yos presentes en su psique, y ha empezado a desarrollar la conexión con ese centro de su esfera, desde la cual se accede a nuestro Yo Superior, y al aspecto consciencia de nuestra mónada. Nuestro yo “único” empieza a manifestarse, y se empieza a solidificar una personalidad indivisible. Por primera vez, el conocimiento real de uno mismo se hace presente, se empieza percibir la realidad con un alto grado de objetividad (con menos filtros subjetivos) y el trabajo sobre nuestro propósito para esta vida es posible de forma totalmente consciente. Así, el hombre número cuatro es ecuánime, responsable con el mismo y los demás, tiene atisbos de una realidad superior a través de la conexión consciente, y más o menos permanente, con esa otra parte más elevada de sí misma, y es coherente entre lo que piensa, lo que siente y lo que hace, pues su parte intelectual, su parte emocional y su parte instintiva están en balance, en armonía y por lo tanto, puede trabajar de forma equilibrada en todos los aspectos de su realidad.
El hombre número 5







