lunes, 6 de febrero de 2017

TU YO SAGRADO capitulo 11


De la apariencia externa a la sustancia interior
La dignidad no consiste en recibir honores sino en merecerlos
ARISTÓTELES

Mis juicios me impiden ver lo bueno que hay más allá de las apariencias
La plegaria que más a menudo se cita en el mundo occidental incluye as
siguientes palabras: “... hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”.
Para el ego, el tener el cielo en la tierra significa ser la persona más rica y
famosa de este reino. Para su yo espiritual, “el cielo en la tierra” significa que
no existen dichas distinciones.

En la tierra, insiste el ego, usted debe perseguir las apariencias y las
adquisiciones. El principal motivo de su vida aquí, según el ego, tiene que ver
con las apariencias, y su apariencia está por encima de sus más profundos
sentimientos. Su carrera profesional, la calidad y cantidad de sus posesiones y
los oropeles del éxito, son hacia lo que el ego quiere que dirija su energía.
Esto es muchísimo más importante para el ego que la vida interior.
Pero todos somos conscientes de la vacuidad y futilidad de la forma de ser del
ego. Usted está leyendo este libro en parte porque es consciente de que, con
el fin de tener una experiencia de vida más profunda y rica, tiene que saber
cómo apartarse del ego y dirigirse hacia el yo interior, que le ofrece la amorosa
esencia divina.



IR MÁS ALLÁ DEL MUNDO DE LAS APARIENCIAS 

Para entender cómo funciona el ego, usted tiene que darse cuenta de que esta
falsa visión de sí mismo cree que la Tierra es la única morada. Si usted se
reconoce sólo como un terrícola, como quiere el ego, su felicidad y
satisfacción tendrán que ser realidades físicas, cosas.
Pero hay un aspecto de usted que sabe que estas cosas no proporcionan la
satisfacción espiritual que supone la promesa de la búsqueda espiritual. El
planeta Tierra no es su única morada. Lo que éste ofrece es satisfactorio sólo
en parte para el invisible yo que habita en su cuerpo. Esa faceta interna sabe
que esta vida en la Tierra no es el último destino.

Sin embargo, a la mayoría nos ha convencido el tenaz y decidido ego, de que
las apariencias son lo que cuenta en la vida, y que las recompensas se
obtienen por las apariencias. El yo interior sabe que todo esto es muy fugaz
porque las recompensas que usted obtiene de la juventud y la fuerza física, por
ejemplo, disminuirán al deteriorarse esas cualidades físicas.

Su yo físico observa eternamente las transformaciones físicas del cuerpo. Este
reino del yo superior está gobernado por un yo interior que es consciente de
las realidades de la Tierra y de las realidades del cielo. Es inmune a las
exigencias del ego para que concentre toda su energía en el plano terrenal.
He aquí cómo lo describe Nisargadatta Maharaj: “El mundo es la morada de los
deseos y el miedo. No puedes encontrar paz en él. Para hallar paz debes
trascender el mundo”. Y eso es en verdad el cielo en la tierra: una experiencia
de paz interior sin idolatría de las posesiones y apariencias.

La perspicaz respuesta a la plegaria: “...hágase tu voluntad, así en la tierra
como en el cielo” se halla en el conocimiento de que el cielo no es este mundo.
Es el mundo de Dios, el reino donde usted ha destruido todo lo que ha
acumulado y donde encuentra la paz a la que hace referencia Sri Nisargadatta.
Su yo superior está más allá de este mundo de vida y muerte donde las
apariencias son lo más importante. Vea cómo esas apariencias han triunfado
sobre el yo espiritual.

Juzgar a los demás por su apariencia. Un rasgo común de la persona guiada
por el ego es el de juzgar a los demás por las medidas externas de sus
posesiones, apariencia y conducta.


A menudo, tras el enjuiciamiento, se decide no fomentar la amistad con
alguien, basándose en su posición social. De todas formas, es una técnica de
la que se sirve el ego para impedir que usted conozca su yo superior.
Todo enjuiciamiento relativo a las apariencias no es más que un modo de verse
a uno mismo como mejor por comparación con otra persona. El ego hace que
se ratifique su diferenciación de los demás y le encanta mantenerle en dicho
estado. De esa forma consigue evitar que se sienta conectado con el universo.
Cuando uno habla con su yo superior, se aprende que, en parte, se tiene la
misma divina esencia que nos conecta a todos con la fuente del espíritu.
Su yo interior confirma que usted no es en nada mejor que otra persona y que
no necesita ni juzgar ni compararse con otros. Hay un solo Dios, una fuente
con muchas manifestaciones.

Cuando uno tiene conciencia de esto, no se puede ver a los demás en términos
de lo que poseen o de lo que parecen ni siquiera de la forma en que se
conducen. Se relaciona con las otras personas en función de la divinidad que
fluye a través de ellas, que constituye una manifestación de la energía que da
soporte al mundo físico. En la senda de la búsqueda espiritual uno
experimenta la energía que fluye a través de sí y de los demás.
Entonces se es capaz de entregar amor y bondad, sin reparar en las
apariencias, porque se siente la energía espiritual El yo superior no lleva a
recordar la verdad acerca de alguien, incluso cuando ese alguien lo ha
olvidado.

Usted ya no juzgará a los seres, con los que se encuentre, que sigan la senda
trazada por el ego. Usted será capaz de limitarse a observarlos con amor
mientras su cuerpo se relaciona con ellos, percibiendo la amorosa esencia
divina, aun cuando ellos no la sientan. Usted y Dios estarán unidos cuando se
siguen los dictados del yo superior.

Gracias a esa conjunción, usted será serenamente consciente de que esta
morada llamada Tierra es transitoria y que, en ella, sus habitantes y las
posesiones de los mismos nunca permanecen iguales. Sufren un constante
cambio. El cielo, por el contrario, es inmutable y eterno: en él no hay
enjuiciamientos, ni posesiones, ni posiciones sociales.

“Así en la tierra como en el cielo” no debe ser una expresión vacía, sino un
conocimiento de que su yo superior le insta a descartar cualquier pensamiento
de que se encuentra separado de los demás y de Dios. “Así en la tierra como
en el cielo” significa comenzar a vivir sin las falsas ideas que fomenta el ego.
Desde luego que muchas personas se conducirán según los dictados de su
ego. En esos momentos, su tarea es recordar al yo interior que ellos han
olvidado. Evite la tendencia a aceptar la invitación del ego a juzgarlas.
También esas personas son criaturas de Dios. También ellas tienen la fuente
de la bondad fluyendo por su interior, aunque lo hayan olvidado o permitan que
el ego domine sus vidas. Pero la conducta de quienes están dirigidos por su
ego no es una razón para que usted haga lo mismo.

Estas personas aprenderán de sus propios comportamientos. Pero para hallar
la respuesta usted necesita consultar a su espíritu. Ésta es la manera de
dominar al ego y conocer la az que proviene de la negativa de juzgar a otros.
Esto no quiere decir que deba aprobar la mala conducta de otros ni que no
deba hacérseles responsables de su comportamiento. Lo que usted necesita
es hablar con su yo superior, y negarse a juzgar o a creerse mejor como
resultado de comparaciones.

Juzgarse a uno mismo basándose en la apariencia. Si ha permitido que su ego
le convenza de juzgar a otras personas por su apariencia, es probable que se
inflija el mismo castigo a usted mismo. Cuando uno examina su vida con
evaluaciones basadas en las apariencias externas y se concluye que no se ha
estado a la altura de nuestro potencial, uno puede estar seguro de que el ego
se alegra con ello.

Cuando usted necesita más de cualquier cosa para sentirae bien consigo
mismo, usted se halla en una carrera sin fin, y no puede alcanzar el goce
espiritual. El camino para salir de esta trampa que hace que nos rechacemos a
nosotros mismos es reconoce que el reino terrenal no es la única morada.
Edgar Allan Poe nos recuerda: “Todo lo que vemos o parecemos / no es sino
un sueño dentro de un sueño”. Cuando uno sabe que la vida es un sueño
dentro de otro sueño mayor, se pueden abandonar las apariencias como escala
de valor.

Comience por entender que el sistema de creencias del ego es similar a sus
sueños nocturnos, en los que usted cree que el sueño es real mientras duerme
pero que al despertar ve que era una ilusión. Toda la vida es una proyección
de la mente: un sueño dentro de un sueño. Sabiendo esto, usted puede hablar
con su yo superior y olvidarse de acceder a las exigencias del ego.
El cielo en la tierra comienza a darse cuando uno abandona la falsa idea de que
tiene que demostrarle a alguien que ha adquirido las credenciales necesarias
para que le consideren una persona de éxito. Aún recuerdo cuando, hace
años, llegué a darme cuenta de esto.

Fue en una consulta con un hombre al que llamaré Richard, que había
conseguido todo eso que la mayoría de los que vivimos en el mundo occidental
consideraríamos necesario para que nos tuvieran por unos triunfadores. Era
multimillonario, tenía varias mansiones y había viajado por todo el mundo.
Peor tan sólo había llevado una existencia centrada en lo externo. No conocía
ninguna otra forma de vivir, estaba atrapado por ese modo de vida.
Durante los meses en que trabajé con Richard, quedó claro que las apariencias
no crean paz y que la paz es lo que ofrece el yo superior.

Richard necesitaba constantemente compararse con los demás para quedar
por encima de ellos.

Su ego estaba trabajando horas extras para ratificar su superioridad.
Así que se encontraba atrapado en una vida de lucha con el objeto de
demostrar su valor y dedicándose a tener aventuras con mujeres más jóvenes,
a comprar las ropas y los perfumes más caros, y obsesionándose por la
pérdida del cabello... No se levaba bien con sus hijos, ya mayores, a todas
horas estaba preocupado por que su esposa descubriera sus devaneos y se
divorciara de él, lo que le dejaría sin un duro y con la sensación de no valer
nada. Richard había escuchado a su ego durante todo la vida, y aunque había
edificado una fachada de éxito, se sentía desdichado.

Vivía con el terror de que si perdía su apariencia de triunfador quedara como
un ser poco digno de aprecio. Anhelaba una vida más satisfactoria, pero no
tenía ni idea de que su falso yo le hacía renunciar a su búsqueda espiritual.
Poco a poco, comenzó a descubrir el viaje interior y empezó a prestarle menos
atención a los dictados de su ego.

A medida que trabajábamos en las sesiones, descubrí las ilusiones a las que el
ego nos estaba sometiendo tanto a Richard como a mi mismo. También yo
estaba siendo dirigido por mi ego, porque me habían enseñado que el éxito se
medía por las realidades externas. Observé a Richard y supe con facilidad que
yo podía acabar con los mismos miedos y valores superficiales. Tuve la
sensación de que me había sido enviado para que yo comprendiera aquello.
Incluso hoy, veinticinco años después de aquello, pienso en Richard cuando
tengo la inclinación de poner las apariencias por encima de lo realmente
importante.

Richard murió hace unos pocos años. Él, al igual que sus posesiones, han
cambiado en algún sentido. Su espíritu está vivo y se encuentra en un lugar
donde no existen escalafones, ni posesiones, ni distancia respecto de la
energía madre. El cielo en la tierra significa adquirir esa conciencia y dejar que
el ego se jubile.

En uno de sus momentos de mayor iluminación, Robert Frost acuñó estas
palabras:

Perdona mis actos sin sentido
Como yo perdono los actos sin sentido de aquellos
Que piensan que obran con sentido.
Hacer hincapié en medir la vida de uno basándose en las adquisiciones o
éxitos externos no es más que un sin sentido. Este h hincapié en la apariencia
se presenta en la vida bajo muchos aspectos.



COMO AFECTAN A SU VIDA LAS APARIENCIAS

Centrarse en las apariencias es una de las maneras más comunes que tiene el
ego de dominar su existencia cotidiana. Con el fin de superar estas
inclinaciones que se apartan de la esencia, usted tiene que identificar esas
tendencias a medida que se presentan. He aquí unos cuantos de los ejemplos
más frecuentes de ese tipo de pensamiento y comportamiento.
Estar más preocupado por su apariencia que por su propósito. (Obsesión con
las joyas, los cosméticos y a ropa; dedicar grandes cantidades de tiempo y
dinero a vestirse).

Perseguir notas, recompensas y símbolos externos de éxito en lugar de júbilo
del mero participar y aprender. (Ver sus trofeos, condecoraciones o signos de
mérito como criterio de su valor; creer que las notas de sus hijos son lo más
importante que recibirán en el colegio; alentar a su hijo a complacer a los
profesores a costa de la paz interior del niño)

Un tipo de conversación que revela cuánto control tiene el ego sobre su
existencia (Dedicar una gran cantidad de tiempo a hablar de sus éxitos y
victorias sobre otros o sobre el entorno; hacer comentarios sobre otras
personas y sus limitaciones y señalar de modo constante su superioridad; por
ejemplo, decir; “Yo nunca haría nada semejante y no puedo entender cómo
alguien puede hacerlo”; emplear sus acciones como patrón de los demás)
Estar preocupado por el coste de las cosas. (Emplear el precio como indicador
de valor; preguntar siempre cuánto cuesta algo o cuánto le pagaron a alguien;
usar el dinero no sólo como un indicativo del éxito y de la posición, sino como
criterio medular de pensamiento en la vida)

Creer que uno sólo es un cuerpo. (Estar insatisfecho con su apariencia y andar
a la caza de cumplidos para, indirectamente, contrarrestar su sensación de ser
poco digno de aprecio; valorarse a sí mismo y su felicidad sobre la base de los
cambios físicos como el descolgamiento, las arrugas, las canas o la menor
vitalidad: todo lo descrito son señales de que su ego le ha convencido de que
usted es exclusivamente un cuerpo y de que está deteriorándose con rapidez)
Permitir que la industria publicitaria le controle. (La publicidad, en todas sus
formas, responde, por lo general, al intento de convencerle de que usted está
incompleto y necesita comprar algo para realizarse. En consecuencia, se ve
bombardeado en casi todos los momentos en los que se expone a la publicidad
de los medios de comunicación, la cual le insta a que consuma para realizarse
como persona. Leer escuchar y mirar de forma permanente estos mensajes es
una prueba del control de su ego)

Señalar las limitaciones de los otros (Dedicar tiempo a describir lo que
considera imperfecciones, como una nariz grande, una voz desagradable, una
personalidad engreída o un proceso de mal envejecimiento)

El hábito de reparar en lo descrito es una estrategia de su ego para
convencerle de que usted es mejor que las personas a las que está criticando.
Por supuesto, esto continúa impidiéndole ver la amorosa esencia divina que
reside, invisible en esos “abrigos raídos sobre un palo”, como llama Yeats a las
personas independientes de su alma.

Luchar para obtener reconocimiento (Angustiarse por no recibir lo que piensa
que “merece en justicia” dentro del mercado laboral; sentirse herido y
deprimido cuando sus esfuerzos no son recompensados con una posición, un
título o un contrato mejores). A menudo, esas recompensas no sirven para
otro propósito que el de aportar una base para que su ego proclame su
mundana superioridad.

Los relatos cotidianos que informan de los salarios astronómicos de la gente
del espectáculo y los atletas son una prueba muy visible de esta actividad del
ego. Resulta irrelevante que las cantidades sobrepasen la capacidad de esas
personas para gastar incluso después de que un enorme porcentaje se lo
lleven los impuestos. Estamos ante unas exigencias dictadas por el ego, que
lleva a esas personas a la falsa creencia de que se les está insultando si
alguien de su profesión recibe un sueldo superior.

Muchas de estas personas se apartarán de su profesión, al permitir que su ego
los convenza de lo correcto de sus actos. Puede que se sientan insatisfechas,
infelices y desdichadas, pero se ha vuelto más importante apaciguar el ego que
su vocación, así como recibir una compensación que está muy por encima de
lo suficiente, con independencia de lo que cualquier otro esté ganando.
Esta agitación interna por no recibir reconocimiento o compensación complace
al ego, porque cualquier inclinación a dirigir la atención hacia el yo superior se
distrae cuando uno se enfrenta a la agitación.

Trastornos alimentarios. La mayoría de los trastornos alimentarios son, en un
principio, esfuerzos por estar a la altura de unos modelos que alguien cree que
aprontan felicidad. El ego ha convencido a las personas que tienen problemas
alimentarios de que su verdadera esencia está emplazada en el valor de su
apariencia.

Esta gente se preocupa tanto por la apariencia como para excluir la mayoría de
los otros aspectos de la vida, y al final destruye sus cuerpos intentando
hacerlos perfectos a ojos de los demás.



QUÉ OBTIENE DE SU EGO

El proceso de superar la preocupación excesiva por la apariencia y hacer
hincapié en la sustancia llega al entender por qué el ego controla su vida. A
continuación encontrará algunas de las razones más corrientes por las que
esto sucede.

La principal función de su ego es evitar que conozca su yo superior. Todas las
apariencias son máscaras que uno lleva para ocultar su yo espiritual, que o se
preocupa en absoluto de las apariencias, las adquisiciones ni el poder.
Si su yo superior gobernase su vida, el ego ya no podría funcionar como lo
hace.

La ansiedad por la carrera profesional garantiza que uno no está mirando a su
interior. La preocupación constante por la carrera profesional y otros papeles
semejantes impide que conozca su luz interior. Todos esos pensamientos
sobre decisiones destinadas a llevarle a un determinado nivel en su profesión
son en realidad pensamientos del ego que siembran en usted la ansiedad.
Usted intenta llenar el vacío que el ego le dice que tiene dentro de su ser. Si
cree que es lo que posee, usted está centrado en lo externo. Hacer hincapié en
las propiedades le mantiene en el ámbito de las adquisiciones. El ego quiere
que se sienta incompleto, de forma que se entregue a una carrera de
adquisiciones para intentar llenar el vacío.

Si cree que necesita algún objeto con el fin de tener valor, nunca verá lo
inmaterial que es el verdadero valor. Así pues, el ego le hace comprar cada vez
más, con el fin de asegurar su propia supervivencia.

Su ego quiere ser el señor de todo lo que hay en su vida. Él sabe que su
facultad más sabia tiene respuestas que son permanentes y que le
proporcionarán un pasaje para la búsqueda espiritual. Esta necesidad de estar
al mando de todo es la necesidad que el ego tiene de control. Si él no tuviese
el control, tendría miedo de que usted descubriera la verdad de su auténtico yo.
El ego hace que usted se resista a correr riesgos y realizar cambios. El ego no
quiere que usted tenga ni idea de los beneficios de correr riegos y permitir
cambios en su existencia. Esas ideas son peligrosas desde el punto de vista
del ego. El ego cree que es más seguro para usted concentrarse en las
apariencias antes que vivir el júbilo interno.

Este mensaje ha ayudado a crear el entorno en el que usted vive, que está
mayoritariamente de acuerdo con la egocéntrica idea de la apariencia como
criterio más importante que los valores internos. El déficit espiritual resultante
se encuentra en la raíz de todos nuestros problemas.



ALGUNAS IDEAS PARA IR MÁS ALLÁ DE LAS APARIENCIAS

Tómese unos instantes para quedarse muy quieto. En silencio, comience a
liberarse del apego a las imp resiones externas. Puede imaginarse haciendo
una enorme hoguera y arrojado cosas en ella. Eche allí sus joyas, ropas,
automóviles, trofeos, todo, incluso su título académico. Con cada objeto que
vaya a parar al fuego imaginario, sienta que cada vez es más libre.
Una vez más le recomiendo que lea Mutant Message Down Under, de Marlo
Morgan. Ella cuenta que se despojó de sus posesiones y recorrió un viaje
iniciático gracias a unos aborígenes espirituales. Sólo entonces se dio cuenta
de que hacer hincapié en las apariencias nos mantiene alejados de nuestro yo
superior.

Quite las etiquetas que le han pegado a su vida. Realice un intento de
describirse sin usar ninguna etiqueta.

Escriba unos párrafos en los que no mencione su edad, sexo, posición,
titulación, logros, posesiones, experiencias, herencia ni datos geográficos.
Sencillamente escriba quién es, al margen de toda apariencia.

Al principio resulta difícil describir el yo eterno, inmutable y espiritual, esa
parte de usted que no se identifica con los sentidos. La observación de que
sufrios de una ceguera particular que sólo ve lo visible podría ser la razón de
nuestras dificultades. Cuando quite las etiquetas, verá la parte invisible de su
ser.

Busque la amorosa esencia divina en los otros. Tómese un día para intentar
ver la plenitud de Dios en todas las personas con las que se encuentre. En
lugar de ver sólo otro ser físico, diga para sí que el Cristo de mi interior está
encontrándose con el Cristo del interior del otro. O pase un día recitando en
silencio la palabra “amor” siempre que se encuentre con otro ser humano.
Esto tiene un efecto tan poderoso que podría decidir usarlo como un silencioso
mantra a lo largo del día.

Cuando podemos reemplazar nuestro yo físico por la energía espiritual que hay
en todos nosotros, no hay lugar para el enjuiciamiento.
Defienda al ausente. Cuando se encuentre en una conversación en la que se
ataque a personas que no están presentes, defienda a esa persona. Adquiera
el hábito de ser la persona del grupo que defienda a los que se encuentran
ausentes. Puede preguntarse en voz alta cómo explicaría esa persona los
aspectos que están siendo criticados, y sugerir que podría haber más de lo que
se ve en la superficie.

Este tipo de declaraciones sirve para dominar la necesidad que tiene su ego de
comparar y sentirse superior, y sirve a su yo superior, que quiere ayudar a los
demás. Ésta es una lección particularmente beneficiosa para enseñársela a
sus hijos, los cuales tienen la tendencia a formar grupitos y despellejar al
ausente. Pregúntese siempre: “¿Quién está aquí para defender a la persona
que no está para defenderse por sí misma?”.

Recuerde que un músculo se desarrolla levantando objetos pesados. Esto
también es aplicable al ámbito de lo espiritual. Crecerá espiritualmente
mediante misiones cada vez más difíciles. Una de éstas es no tomar en
consideración los mensajes del ego para que se evalúe según los criterios de
la apariencia y las posesiones. Pero ha de saber que cada vez que consigue
hacer menos juicios respecto de los demás o de sí mismo, se hace más fuerte.
Practique la compasión y el amor. La presencia de los que no tienen ninguna
posesión puede proporcionarle una oportunidad para poner en práctica el amor
y la compasión. Use esos casos para reconocer la plenitud de Dios que hay
dentro de esas personas, aun a pesar de que decida no contribuir con dinero
un algún otro tipo de ayuda.

Los sufrimientos de los otros representan un déficit espiritual. Usted puede
mejorar ese déficit con bondadosos pensamientos de amor y compasión, y no
con el miedo o las críticas dictadas por el ego.

Cultive su vocación. Intente cambiar sus objetivos, olvídese del egocentrismo.
Piense en su vocación. Recuerde que este mundo es un sistema inteligente y
que está aquí para ser amado y tener amor gracias al servicio a los demás. Use
su talento e intereses para cumplir a través de su vocación.
Su vida laborar describirá un giro espectacular hacia la abundancia, y usted
sentirá que tiene un propósito y que se halla en el sendero de la búsqueda
espiritual.

Afirme. Haga de las afirmaciones una práctica diaria. Créelas o comience por
éstas: “Dar de comer antes de comer”. En un restaurante, dígales a todos los
demás que pidan y ayúdeles antes de pedir usted. En la mesa, ayude a todos
los demás a servirse el plato antes de servirse usted. “Dar antes de recibir”.
Realice un esfuerzo por dar más y estar menos orientado a recibir.
Envíe contribuciones o regalos anónimos. Lléveles regalos inesperados a los
amigos, la familia o los desconocidos. Regale un libro que le haya gustado,
flores de su jardín, y cualquier otro pequeño objeto por la sencilla razón de dar.
Pague el peaje del coche que haya detrás del suyo para practicar el dar sin
recibir nada a cambio.

Reduzca la importancia de las notas. Libere a sus hijos de la presión a la que
se los somete por hacer hincapié en las notas. Enséñeles a poner en práctica
sus propios intereses y aptitudes con el fin de conocerse a sí mismos y servir a
los otros. Esto los ayudará a encontrar su yo superior y descubrir que tienen
una fuente de todo conocimiento dentro de sí. Necesitan aprender en un
momento temprano de su vida que su valor no se encuentra en los exámenes.
Practique la generosidad. Recuerde: si no es generoso cuando resulta difícil
serlo, no lo será cuando sea fácil.

Muchas personas que dan voluntariamente sus posesiones y su dinero no lo
hacen porque “tengan que dar”. Están en comunicación con un aspecto del
corazón relacionado con el servir y compartir.

En algún sentido, todos tenemos que dar. Quizá no en la misma cantidad, pero
todos podemos dar algo en servicio a los demás.
Mantenga en todo momento la atención. Perciba lo milagroso que es su propia
existencia en cualquier momento, e intente llevar su conciencia a ese
momento. Todo lo que hay en su vida constituye una oportunidad para
practicar la atención.

Al prestarle atención al entorno y reparar en todo lo que encuentra con una
actitud de reverencia, usted supera la necesidad del ego de acumular y
consumir. Al actuar así, usted se centra en cada momento de la existencia y lo
vive a través de su yo espiritual. Su vida se desarrolla dando importancia a los
momentos. Poner atención en los momentos presentes le enseña aspectos
profundos del espíritu que limitan la actuación del ego.

Para saber lo que de verdad quiere decirse con las palabras “así en la tierra
como en el cielo”, tiene que ir más allá del reino de este mundo. C. S. Lewis
escribió unas hondas palabras que resultan útiles en la contemplación del
reino no físico: “Si hallo en mí mismo un deseo que ninguna experiencia del
mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que yo esté hecho
para otro mundo”.

Nada del mundo manifiesto satisfará el deseo de conocer el camino de su yo
espiritual. El camino hacia el mundo donde el enjuiciamiento resulta imposible,
donde no se dedica ni siquiera una consideración a las posesiones y el júbilo
es perpetuo, no pasa por la senda del ego. Esa senda se aleja de la experiencia
de “así en la tierra como en el cielo”.


WAINE W. DYER

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